martes, 23 de septiembre de 2008

Los lamidos de la tempestad

Entre labio desarmado y
mandíbula temblorosa
late la sed amarga
de ese marinero en barca resquebrajada
que navega a la deriva
rumbo a una muerte segura

el martirio de saber
la certeza del momento
en que el cuerpo ha de perecer
fustiga un último atisbo de fe
una esperanza de esperanza
que ya expira
y se transforma en angustia

es alma brava
la de este marinero
que no acepta su destino
con sello de aguacero
y se enfada con el mundo
en su lucha desesperada

las olas baten
zarandean
cada vez más desenfrenadas
su fragil cuerpo al descubierto
a merced de rayos truenos
y lluvia punzante

anuncian un final seguro
tempestad sin miramientos
¿qué le importa si se lleva a su paso
las arrugas que han forjado las vivencias
de este hombre solitario,
amante de la mar?
¿Qué le importa si su furia lava los sueños
que avivaban su antaño firme caminar?
Ya sólo queda la espera
la resignación creciente
su única
su última compañía

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